07/10/2013

Explotadores y explotados: el fin de la plusvalía

Por Emiliano Chamorro

Hace unos días en el curso de emprendedores de la Facultad de Ingeniería de la UBA, se presentó el caso Trimaker, una empresa de tecnología que produce impresoras 3D. La particularidad de este caso es que fue presentado por todo el equipo, fundadores y no fundadores, accionistas y no accionistas.

A medida que transcurría la presentación, quedaba claro que muchos de los accionistas no tenían la capacidad intelectual de desarrollar la tecnología que vendía la empresa y que muchos empleados –no accionistas- sí la tenían. La pregunta no se hizo esperar: ¿vos que podés hacer una impresora 3D porqué no fundas una empresa tuya en vez de trabajar para una empresa de otros –encima con un sueldo por debajo de lo que ganarías en el mercado-?

Más allá de cómo siguió la conversación durante la clase, me quedé pensando mucho en el tema y me gustaría compartirlo con ustedes para que me ayuden a seguir pensando.

La primera idea que se me ocurrió es que, en el modelo primitivo de capitalismo, teníamos un “dueño” del capital y “obreros” en su mayoría no calificados que usaban ese capital para producir bienes y servicios. Esos obreros eran un commodity: daba lo mismo si la palanca la tiraba uno u otro. Y las industrias generalmente eran capital intensivas. Los obreros jamás podían aspirar a ser capitalistas y eran fácilmente reemplazables, lo que daba el incentivo al capitalista a pagar tan sólo un salario de subsistencia para que el obrero (o algún otro en su lugar) siga viniendo a hacer la tarea.

Pero en las industrias conocimiento intensivas esto cambia radicalmente. En primer lugar los empleados no son tan fácilmente reemplazables. Cualquier emprendedor al que le haya renunciado un CTO puede dar cuentas de esto. En segundo lugar, el capital necesario para producir bienes y servicios no es tan grande. El costo de emprender está colapsando.

Estas dos realidades hacen que los trabajadores intelectuales (en el sentido de los que pueden desarrollar tecnología) puedan decidir ser empleados o accionistas.

Esto en el mundo de los emprendimientos, donde la mayor parte del valor y de la innovación se generan. Pero ¿qué pasa en el mundo de las grandes empresas?

Este es el segundo punto que pienso que está cambiando en la realidad y al que la percepción todavía no se ajustó. La imagen general es de un “empresario” o un “dueño” y muchos “trabajadores”. Pero esto no se condice necesariamente con la realidad de muchas empresas.

La mayor parte de las empresas que todos conocemos, Coca Cola, General Electric, Google, Apple, etc. tienen millones de dueños, muchos de los cuales no llegan al salario mínimo. La propiedad de estas empresas está tan atomizada a través de los mercados de capitales que casi cualquiera puede comprar una acción en el banco de su barrio o de su pueblo por unos pocos dólares. Y de hecho muchos seguramente lo hagan sin saberlo, a través de su fondo de pensión, de su seguro de vida, de su fondo de retiro o del fondo de estudios para sus hijos. Apple tiene millones de dueños pobres y algunos empleados muy ricos.

Obviamente también tiene algunos dueños muy ricos y algunos empleados que no ganan bien, pero en el imaginario general, Apple y el resto de las empresas tienen un “dueño”, capitalista, explotador, y millones de empleados explotados.

Probablemente en los próximos años los trabajos repetitivos humanos tiendan a desaparecer y con ello se van a eliminar millones de puestos de trabajo no calificado, lo que va a generar un gigantesco desafío social de redistribución económica y estabilidad política. Probablemente vayan a subsistir muchísimos empleos en el sector de servicios, donde las máquinas tarden en reemplazar las cualidades intrínsecamente humanas, por ejemplo, una sonrisa o una mano comprensiva en el hombro.

Tal vez cada vez más vamos a ir viendo a los accionistas de una empresa como los que tienen el poder político de distribuir el valor económico y no necesariamente como los que se apropian de la mayor parte de este valor. No lo van a poder hacer porque, tanto para manejar o desarrollar tecnologías complejas como para gerenciar grandes organizaciones (que es una tecnología compleja) no van a tener más remedio que repartir la mayor parte del valor a los empelados claves: los nerds en un emprendimiento tecnológico y los gerentes en una organización grande. Y los empleados no claves van a tender a ser reemplazados por máquinas.

Cada vez más el capital va a ser un insumo más de la organización que va a ser remunerado por los trabajadores a los capitalistas. Y cada vez más el capital va a ser percibido como un commodity. Así como los grandes economistas del pasado hablaron del salario mínimo de subsistencia, posiblemente los economistas del futuro hablen del “retorno del capital mínimo de subsistencia”. De hecho esto ya está pasando cuando el CEO de Apple cobra un salario anual de 125 millones de dólares que paga el desempleado de Arkansas con su fondo de pensión.

¿Qué piensan? ¿Por dónde seguirían pensando este tema?

 

Publicado el 07/10/2013.