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El futuro de la energía

 

LA ETERNA BÚSQUEDA DE LA COMODIDAD ENERGÉTICA

La energía puede ser un commodity, pero no es cualquier commodity, es la condición previa para todos los otros commodities.

Por eso, desde que el mundo es mundo, las distintas sociedades (como grupos, comunidades, como ciudades y países y, ahora, como uniones de países) buscaron asegurarse la provisión de la energía necesaria para su subsistencia y desarrollo.

Hay tres conceptos importantes y distintos a la hora de pensar la energía desde la arena política y económica. Estos son: seguridad energética, independencia energética y soberanía energética.

Según la Agencia Internacional de Energía, la seguridad energética es la disponibilidad de fuentes de energía a un precio accesible y sin interrupción[1]. Esto implica poder abastecerse para cubrir la demanda interna sin tener en cuenta si la balanza de pagos es positiva o negativa, si la energía es propia o importada, si es fósil o renovable. Aquí sólo interesa disponer de lo que se necesita para mover la economía sin estrés.

La independencia energética va un paso más allá y se define como la posibilidad de un país o región de autoabastecerse de la energía necesaria sin tener que importar combustible (uranio, gas, carbón, petróleo) o directamente energía (electricidad). En el contexto energético global actual esto es una utopía para la mayoría de los países, ya que la generación se consigue eminentemente a partir de recursos fósiles y estos no se encuentran equitativamente distribuidos en todo el mundo.

Finalmente, la soberanía energética es el término más complejo y su definición depende mucho de la ideología del diccionario. Básicamente, implica la capacidad de decidir sobre el manejo y explotación de los recursos energéticos propios, eligiendo qué se consume, cómo y por qué. Sin embargo, no es lo mismo si la soberanía la ejerce la población o el Estado, si es el gobierno nacional o provincial, si el mecanismo de decisión es abierto y transparente… Digamos que la soberanía energética es un área de disputa, una batalla que se da en todos los niveles y que, esperemos, el futuro incline a favor del pueblo.

 

DEMANDA SIN LÍMITE

¿Por qué la seguridad, independencia y soberanía energética están siempre en discusión? ¿Por qué son siempre temas que no se logran resolver? Porque el mundo cambia constantemente y siempre hay alguien cuya demanda de energía no está satisfecha. Controlar la oferta energética es una herramienta de poder.

Podemos remontarnos a los orígenes de la humanidad o recorrer distintas edades y ver en detalle las disconformidades energéticas de las civilizaciones más importantes de cada momento. Incluso, es posible analizar en clave energética el Siglo XX y sus guerras, tanto las dos mundiales como las dos del Golfo. Pero creo que a los fines prácticos es más interesante mirar los últimos veinte años de China, ya que condensan el típico crecimiento que, cada tanto, cambia el paradigma global de producción de energía.

La economía china creció 15 veces desde 1979 -medido en crecimiento del PBI- y el consumo de energía acompañó ese aumento con una curva casi idéntica[2]. La necesidad de abastecer el despliegue industrial hizo que no hubiera mucha rigurosidad respecto de cómo se generaba la energía necesaria, es decir, se privilegió la seguridad energética.

Como consecuencia de esto, China tuvo una política ultra intensa que buscó explotar todos los recursos a la vez en cantidades sin precedente. Primero consumió lo que tenía a mano (sobre todo carbón), pero pronto tuvo que empezar a importar combustible y ahí llamó la atención del mercado energético global. De pronto, un nuevo competidor había aparecido y su apetito era descomunal.

Entre el 2000 y el 2010 China duplicó su consumo de petróleo. Actualmente consume más petróleo que toda América Latina, casi lo mismo que la toda Unión Europea junta y, en 2020, es probable que supere a Estados Unidos.

Esta necesidad de recursos acelerada se conoce como “shock de demanda” e implica exactamente eso: un estrés que sacude al mercado. Se espera que China siga aumentando su consumo energético a este ritmo al menos por los próximos treinta años y esto genera varias dudas. Entre ellas, si efectivamente va a haber recursos suficientes en el mundo para abastecer esa demanda.

 

¿SE ACABA EL PETRÓLEO?

Pocas investigaciones científicas influyen tanto en tiempo real en la economía como aquellas que se dedican a establecer cuánto petróleo disponible hay en el mundo. El término que se usa para describir esto se conoce como “pico del petróleo” o peak oil, ya que se refiere al punto máximo de la curva a partir del cual las reservas empiezan a declinar irreversiblemente.

A lo largo de la historia, estuvimos a punto de quedarnos sin petróleo varias veces y siempre salimos del paso con algún descubrimiento impensado. En 1885, por ejemplo, veintiséis años después de la primera extracción en Titusville, había un acuerdo unánime entre los geólogos de Pensilvania acerca de que la espectacular exhibición de petróleo era sólo un fenómeno temporal que iba a desaparecer y que los jóvenes iban a ver llegar a su fin natural[3]. Pero poco tiempo después se encontraron nuevos pozos en otras partes de Estados Unidos, el Sudeste Asiático y Rusia.

La Primera Guerra Mundial afianzó el rol del petróleo como recurso estratégico y motor de la industria moderna. Entre 1914 y 1920 se multiplicó por 5 la cantidad de autos en Estados Unidos y la presión sobre las reservas fue enorme, al punto de que se creía que en menos de cinco años no iba a haber más combustible disponible. Sin embargo, otra vez aparecieron nuevos pozos para cubrir la demanda e incluso generar un excedente que provocó un colapso en el precio de la nafta que coincidió con la Crisis de 1930.

Ese excedente fue más que bienvenido a la hora de encarar la Segunda Guerra Mundial y, de hecho, el acceso al petróleo fue un factor decisivo en varios momentos de la guerra y una condición necesaria para la victoria de los Aliados. En las décadas de crecimiento que siguieron a la guerra el consumo de petróleo se multiplicó por 8, poniendo nuevamente en jaque a las reservas existentes. También fueron las décadas de nacimiento y crecimiento de quienes hoy marcan el ritmo del mundo petrolero: la OPEP.

La Organización de Países Exportadores de Petróleo fue creada en 1960 y hoy controla un poco más del 40% de la producción anual de petróleo y el 75% de las reservas conocidas. En la actualidad está conformada por Arabia Saudita, Irak, Irán, Kuwait, Venezuela, Argelia, Angola, Ecuador, Nigeria, Emiratos Árabes Unidos, Libia y Qatar.

Los primeros años de la década del setenta estuvieron marcados por el embargo de la OPEP a las potencias de Occidente y el temor al fin de la era de los hidrocarburos. Hacia mediados de los ochenta, nuevas técnicas de extracción, refinación y prospección cambiaron otra vez el curso en favor del petróleo y, desde entonces, con idas y vueltas, crisis y subas, el dominio del oro negro no tuvo grandes desafíos. Hasta ahora.

Hoy el concepto de peak oil sigue siendo muy fuerte y el horizonte de reservas se supone que no está más allá de 2050. Como vimos, la experiencia previa indica que probablemente vamos a tener alguna otra buena idea que extienda la vida útil de las reservas actuales o permita aprovechar otros recursos que antes no conseguíamos explotar (como las arenas bituminosas, el shale -no convencional-, etc.).

De todas maneras, en los últimos años el eje de discusión cambió y las reservas disponibles ya no son la única variable que interesa, ya que entró en escena un nuevo actor al que no hay más opción que prestarle atención: el calentamiento global.

 

¿ES REAL EL CALENTAMIENTO GLOBAL?

El estudio de la atmósfera y su relación con el dióxido de carbono lleva más de 250 años. Comienza con Horace Saussure, un profesor de la academia suiza -alpinista y explorador-, que dedicó su vida a entender cómo funcionaba la naturaleza en las alturas de los Alpes. Una de las cosas que le intrigaban era por qué el calor que llegaba a la Tierra de día no se escapaba por la noche. Para sacarse la duda, construyó una caja con tapa de vidrio que permitía que los rayos del sol entraran pero no pudieran huir completamente, dejando parte de su calor dentro de la caja. Quizás, pensó, la atmósfera actúa de forma parecida, generando sobre la Tierra un efecto invernadero.

Esta teoría fue tomada por el francés Joseph Fourier, conocido tanto por sus series matemáticas para resolver funciones periódicas como por ser el científico que acompañó a Napoleón en su expedición a Egipto. Fourier desarrolló la base teórica para el estudio del calor que permitió que unos años después John Tyndall comprobara en el laboratorio el efecto invernadero postulado por Saussure.

Durante siglo XX el estudio del calentamiento global tuvo varios momentos de esplendor y oscuridad, atravesados por debates políticos y sociales, mucha presión de distintas industrias y años de discusiones científicas. No es mi intención entrar en detalles, pero les aseguro que son muy divertidos.

El hecho es que hoy en día, en parte gracias al aumento de la capacidad de procesamiento de datos que ofrecen las computadoras, los resultados son concluyentes: la temperatura está aumentando y la causa principal es que emitimos cada vez más gases de efecto invernadero, principalmente dióxido de carbono.

La estimación es que, si nada cambia en los próximos cincuenta años, la temperatura va a aumentar 6 °C en el largo plazo[4]. Para darse una idea de lo que puede implicar que haya seis grados más, desde la última glaciación hasta ahora la temperatura aumentó solamente unos 3.5 °C[5].

Lo que esto nos dice es que, por más que se encuentren más reservas de combustibles fósiles, seguir acumulando dióxido de carbono en la atmósfera no es una opción válida, porque las consecuencias son inmanejables. ¿Entonces?



[1] Agencia Internacional de Energía, Energy Security, http://www.iea.org/topics/energysecurity/

[2]Gail Tverberg, Is it really possible to decouple GDP Growth from Energy Growth?, 15 de noviembre de 2011, http://ourfiniteworld.com/2011/11/15/is-it-really-possible-to-decouple-gdp-growth-from-energy-growth/

[3]Daniel Yergin, The Prize, Free Press, 2008.

[4] Agencia Internacional de Energía, EnergyTechnologyPerspectives – 6DS, 2013.

[5]Jeremy D. Shakun, Peter U. Clark, Shaun A. Marcott, Alan C. Mix, Zhengyu Liu, Bette Otto-Bliesner, Andreas Schmittner, Edouard Bard, Global warming preceded by increasing carbon dioxide concentrations during the last deglaciation, http://www.nature.com/nature/journal/v484/n7392/full/nature10915.html