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En el año 2014 el Instituto Baikal publicó a través de la Editorial Baikal el libro «El futuro de la energía: Cómo va a cambiar el mundo» del autor Alexis Caporale.

Alexis Caporale (1989), diplomado en Gestión de la Energía de la UTN, es Director del área de Energía en el Instituto Baikal.Es profesor de la Cátedra de Emprendimientos de la Universidad de Buenos Aires. Forma parte del equipo fundador de Trimaker. Fue fundador & CEO de Bixti, adquirida en 2012 por Elo7.Es miembro de la Red Global de Emprendedores de Alto Impacto Enablis y de la Sociedad Internacional de Jóvenes Innovadores Sandbox.Fue el representante argentino en la comisión de Energía & Cambio Climático de la Cumbre de Jóvenes del G8 (Londres, 2013). Fue elegido como uno de los 100 jóvenes más innovadores del mundo por el Foro de Innovación Abierta co-organizado en Moscú por Rusia y China en 2014.

Introducción del libro.

La energía tiene un rol fundamental en nuestra vida y obra. A lo largo de la historia fuimos mejorando la capacidad de aprovechar las fuentes naturales de energía para lograr cosas realmente increíbles[1].

Durante miles de años contábamos sólo con la energía química de los alimentos (las famosas calorías). Una de nuestras primeras mejoras fue inventar y manejar las herramientas que nos permitieron cazar. Más tarde, hace unos 700.000 años, logramos cocinar al fuego[2]. Imagínense que no tener que atrapar la comida con las manos y encima poder comerla cocida, ya no cruda, fue un avance sustancial para nuestra disponibilidad energética, porque la podíamos digerir. Pero, igualmente, a esa comida había que perseguirla, y correr consume mucha energía (qué gracioso que ahora salgamos a correr a propósitopara quemar las calorías que nos comemos de más, ¿no?).

Por eso, el primer gran salto energético se dio hace 17.000 años cuando logramos domesticar los primeros animales y ni que hablar cuando, unos miles de años después, aprendimos a cultivar[3]. Esto nos dio un plus de energía que tuvo consecuencias enormes, porque pasar de ser nómadas a vivir en un lugar estable generó las comunidades, que son la base de la sociedad que conocemos hoy. A partir de la agricultura y la ganadería apareció algo inédito: un grupo de personas que sólo se dedicaban a pensar y gobernar y eran mantenidas por el resto de la población. Esto nunca hubiera sido posible sin un excedente de energía y hay quienes dicen que fue el peor error de la humanidad[4].

Hasta este momento, todavía dependíamos de la capacidad de los músculos para manejar herramientas y trabajar la tierra. Pero eso cambió hacia el 200 DC cuando se afianzó el uso de los molinos. Básicamente, pasamos a tener dos fuentes de energía externas a nuestro cuerpo (la fuerza del agua y del viento) que eran prácticamente infinitas para las necesidades de la época. Claro que, si algo sabemos hacer, es no conformarnos una vez que aprendemos a usar un recurso natural. La energía extra que generaban los molinos no se usó simplemente para reemplazar la actividad humana, sino que la multiplicó y nos dio la posibilidad de moler más granos, viajar más lejos en barco e incluso fabricar máquinas hidráulicas para producir acero.

La fuerza de nuestros brazos ya no era la principal fuente de energía de la sociedad y eso era suficiente para estarles agradecidos a los molinos. Pero su problema era que no nos daban energía donde y cuando queríamos. Sólo se podía generar trabajo (¡energía = capacidad de realizar trabajo!) en el lugar donde estaba el molino y en el momento en el que el agua tenía el caudal suficiente o soplaba el viento. No era posible almacenar ni transportar la energía. Lo crean o no, hoy en día el problema sigue siendo parecido.

Hace unos 300 años se empezó a usar el carbón seriamente como combustible y eso modificó el curso de la historia. El gran invento del siglo XVIII fue la máquina de vapor del Sr. James Watt. ¿Cómo funcionaba? Se quemaba carbón para calentar agua que se transformaba en vapor y la presión de ese vapor servía para mover la máquina. Esto solucionó el problema que tenían los molinos, ya que el carbón se podía transportar y usar cuando y donde se quisiera. Avanzamos un paso en el transporte y almacenamiento de la energía.

A mediados del siglo XIX el carbón superó a la madera como combustible para calentar agua, al tiempo que la máquina de vapor superó a los molinos en capacidad de generar trabajo. Desde ese momento hasta hoy el consumo per cápita de energía creció 4 veces mientras que la población aumentó 7 veces, o sea que el consumo energético global creció 4 x 7 = 28 veces.[5]

Pero hay más: en menos de cuarenta años, para 2050, el consumo energético del mundo se va a duplicar.[6] ¡Y para fin de siglo es probable que se duplique de nuevo!

Esto me genera varias preguntas: ¿De dónde vamos a sacar tanta energía? Supongo que no vamos a conseguirla corriendo… ¿Qué cambios va a implicar? ¿Cómo pueden las industrias prepararse para ese cambio? ¿Y los países? Si soy una persona común y corriente, ¿me tiene que importar? ¿Y qué viene después?

Este libro intentará responder esas dudas y algunas más, sin irse por las ramas y basándose en información existente (digerida y citada), opiniones de expertos del sector y especulaciones personales.

Espero que disfruten el viaje.

El libro completo se puede leer gratis en https://institutobaikal.com/libros/el-futuro-de-la-energia/

También se puede comprar la versión para Kindle por $0.99 en Amazon.

Al año siguiente, Alexis Caporale dio una charla sobre el tema en TEDx UBA.

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