Los que buscan bienestar viven sufriendo
En todas las épocas hay modas. En la nuestra, una de las modas es la búsqueda del bienestar.
Pero miren a su alrededor. ¿De verdad viven mejor los que buscan bienestar y están pensando todo el día en sí mismos?
Bertrand Russell, uno de los filósofos que más nos gustan en Baikal tiene una visión totalmente diferente. La felicidad consiste en hacer cosas que nos sacan el foco de nuestro propio ombligo y nos hacen sentirnos parte de algo más grande. Una familia, una tradición, un pueblo, una religión, una ideología, una causa, una empresa, un proyecto, una persona. Las personas verdaderamente felices son las que se consagran a algo que no son ellas mismas, ayudar a alguien, construir algo, dejar un legado. Los que están demasiado concentrados en su propio confort y felicidad siempre sienten que se les escapa algo. Pero en verdad de lo que no escapan es de la propia angustia existencial.
Sistemáticamente le pregunto a emprendedores que vendieron sus empresas en grandes fortunas si son más felices ahora o antes de venderlas y sistemáticamente me responden que antes cuando estaban «en la lucha» y no enfrentados a un enemigo mucho más grande que es entender que ningún éxito evita que te vas a morir como todo el mundo. El mandato de disfrutar es la receta perfecta para sufrir.
Russell nos dice que el verdadero saber es saber hacer con el ocio. Eso es lo que nos hace humanos. No la supervivencia, que compartimos con otras especies. Lo que nos hace únicos es lo que hacemos cuando ya tenemos la supervivencia garantizada. Lo que hacemos en nuestro tiempo libre. Ahí aparece la cultura. De hecho, podemos pensar la cultura como todo lo que hacemos por fuera de sobrevivir.
Cuando empezamos Baikal leímos «La Conquista de la Felicidad» de Russell. Y decíamos que Baikal es nuestro propio Disney. Es el lugar que vamos armando para aprender a hacer con el ocio. Porque todas las cosas que valen la pena en la humanidad salieron directa o indirectamente del ocio. Esa ambición muy poco budista de querer saber y hacer más. No somos todo presente. Tenemos un pasado y construimos un futuro. Y hay cosas mucho más interesantes que hacer que prestarle atención a cómo cae el agua cuando uno se está lavando los dientes.
Saber disfrutar sin culpa de eso que va más allá de sobrevivir. Y, desde ese disfrute, desde ese juego, desde ese vacío y esa necesidad, desde ese deseo -que no hay que apagar sino impulsar-, crear y construir.
Esto es lo que hacemos en la Comunidad Baikal. O eso es lo que buscamos.
Mañana cierra la posibilidad de sumarse hasta 2026.
Si lo quieren hacer, pueden hacerlo aquí: https://institutobaikal.com/comunidad-baikal/.
Emiliano