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Degustación de Ideas Baikal

Las series como nueva literatura
por Daniel Molina

Viernes 26 de junio a las 18:00 (hora de Argentina)

Para no morir de aburrimiento inventamos los relatos. Por un lado, necesitamos someternos a un relato maestro compartido (sino por todos, al menos por muchos) y a ese relato lo llamamos “lo real”; pero, por otro lado, para escapar de la pesadez agobiante de “lo real” necesitamos relatos que nos hagan soñar con nuevas posibilidades de vida.

La ficción que hoy prefiere la mayoría es la que fragmenta la complejidad de lo real en relatos parciales. Esos fragmentos abarcan, sin embargo, todo lo que nuestra época puede pensar, e incluso intenta ir más allá de sus límites. Esa ficción maestra (fragmentaria, pero con vocación totalizadora) se expresa perfectamente en las series televisivas.

Los relatos seriados comenzaron en el siglo XIX con el folletín, una narración por capítulos que aparecía cada semana en los periódicos de aquella época. Cada capítulo terminaba con una alta dosis de suspenso (para incitar al público a esperar la próxima entrega y comprar nuevamente el periódico la semana entrante). El gran maestro del folletín fue Charles Dickens -el primer escritor moderno que se hizo rico con su trabajo-. Casi todas sus geniales novelas fueron primero publicadas de manera seriada, semana a semana, en los periódicos y, luego, recogidas en libros. Así se escribieron Casa desolada, Tiempos difíciles, Historia de dos ciudades o Grandes esperanzas. Pero no fue el único. Las series modernas nacieron con el cine de los años 30 del siglo pasado (fue en los inicios del cine sonoro).

Sin embargo, recién fue en el siglo XXI que las series se convirtieron en generadoras del sentido del mundo. Para lograr ese poder discursivo las series necesitaron generar una obra maestra que funcionara como el relato de los relatos. Ese prodigio se logró con Los Soprano. Desde entonces, las series se están adaptando mejor que las novelas y los filmes a nuestra percepción desde que irrumpió internet. El poder contar una historia a lo largo de varias horas (que, a la vez, podemos fragmentar de la forma que deseemos) concuerda mejor con nuestra temporalidad actual que la estructura estandarizada del cine o de los programas de la TV. De hecho, el siglo XXI no produjo novelas o filmes que estén a la altura de Mad Men.

Las grandes series de hoy (como las buenas novelas en el pasado) no solo nos permiten vivir en mundos mentales alternativos y, de esa manera, soportar la imperfección de (la ficción de) lo real, sino que además nos enseñan a vivir mejor. Las series son (de una manera discreta) pedagógicas. Al mostrarnos conflictos éticos extremos y realidades alternativas nos preparan (psicológica e intelectualmente) para enfrentar, con mejores armas conceptuales, la dura trama de la vida cotidiana.

Daniel Molina

  

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Profesor

Daniel Molina

Donde se mezclan las nuevas tendencias, el arte, la literatura, la vida cotidiana y la sociedad, está Dani Molina, con sus escritos, sus artículos sobre cultura, sus programas de tele. Pasó por todos lados: El Porteño, Página/12, Clarín, La Nación… y siguen las columnas.

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